SOBRE LA OLVIDADA MEMORIA

Mucho ha llovido desde que Albert Einstein pronunciara la frase de "la memoria es la inteligencia de los tontos". Ha llovido al menos lo suficiente como para saber que la memoria no es un ente único, absoluto e indivisible, si no que tenemos que hablar de memorias, en plural, diferenciando los distintos tipos, procesos y funciones, incluso localizando neuroanatómicamente las distintas memorias en distintas áreas y estructuras cerebrales. Por otra parte, me quedo con una de las múltiples interpretaciones de esta frase que alude a que el desarrollo de la Ciencia no puede escudrse en la memoria, en repetir lo que ya se ha hecho, frenando la capacidad creativa, sino que debe  intentar lo nuevo. Hasta aquí completamente de acuerdo, puro sentido común, el mismo sentido común que nos lleva a pensar que para intentar lo nuevo hay que partir de lo viejo, y para partir de la viejo...ya nos hace falta la memoria. En definitiva, la memoria no es suficiente, pero es necesaria.

Sin embargo, la LOGSE, amparada entre otros en el concepto de Aprendizaje Significativo de David Aususbel, desterraba esta función de nuestro sistema educativo por considerarla aracaica, poco "constructivista", casi reaccionaria, y cierto es que en sistemas educativos anteriores a la LOGSE, incluso a la ley de Villar Palasí (1970-1990), la excesiva memorización era la base del sistema educativo. Y como en este país no tenemos término medio, haciendo de la ley del péndulo nuestro modus operandi, pues hemos pasado al otro extremo, al de casi extinguir la ejercitación de esta capacidad psicológica básica. De hecho, posiblemente la ley Palasí sea, desde mi punto de vista, la que puso la memoria en un punto intermedio entre la ley Moyano (1885-1970) y la LOGSE-LOE-LOMCE.

Atrás quedaron expresiones casi prohibidas como "me traéis esto de memoria para mañana" o "esto hay que sabérselo de memoria para el examen", utilizadas ahora sólo por maestros veteranos, "de la vieja guardia", que se curtieron como noveles en los años de la EGB y que han acabado aprendiendo a hacer más caso a sus años de experiencia y al sentido común que a determinadas innovaciones pedagógicas.

Surge pues, en este punto, una pregunta que me llevó a escribir esta reflexión. ¿Por qué mientras se ha ido desarrollando el estudio de las memorias y su relación con los procesos de aprendizaje la hemos ido desterrando de nuestros sistemas educativos? ¿Por qué cuanto más sabemos de la memoria menos la trabajamos en la escuela?. Y digo "en la escuela", porque aquí viene una aparente contradicción, la hemos desterrado de la escuela y la hemos incorporado a las buenas prácticas de salud en los talleres de memoria que se imparten en asociaciones de pensionistas y jubilados, entre otros colectivos de mayores. Es decir, no lo trabajamos cuando se desarrolla y posteriormente tenemos que trabajarla cuando se empieza a deteriorar o para prevenir su deterioro. Para entender brevemente la estructura de la memoria fijémonos en las siguientes figuras.

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Lo que está claro, y ese era el espíritu de la reforma educativa antes de que se desvirtuara, tanto de la Ley Palasí como de la LOGSE, es que hay que eliminar la memorización repetitiva o mecánica (Memoria a Corto Plazo) como única fuente de aprendizaje, pero hay que trabajarla y desarrollarla para ir incorporando poco a poco los procesos de memorización significativa, el desarrollo de la Memoria a Largo Plazo, de la memoria semántica, que almacena (si se me permite la expresión) conceptos más que palabras. También se debe de trabajar la Memoria Implícita (No declarativa), también llamada procedimental y la Memoria Emocional (afectiva o actitudinal). Ah!, de ahí viene lo de conceptos, proceimientos y actitudes con lo que tanto nos machacaron las programaciones LOGSE. Así, un niño puede llegar a memorizar las tablas de sumar o de multiplicar (Memoria Implícita o Proceimental) antes de llegar a comprender qué es la multiplicación (Memoria Semántica). Claro, así se entiende que el alumno no nos toma el pelo cuando dice "sé hacerlo pero no sé explicarlo", o viceversa, pues son procesos complementarios pero independientes. La LOGSE estaba dando más importancia a las memorias de las que sus interpretaciones desvirtuadas llevaron a cabo.

Y ustedes dirán, ¿y es necesario que memorice las tablas de multiplicar o puede consultarlas y llegar a aprenderlas de tanto verlas y usarlas?. Pues en general, yo soy partidario de la memorización previa por dos razones. Primero porque se ejercita la propia memoria, en concreto la memoria operativa y a corto plazo, íntimamente relacionada con la capacidad atencional (sí, esa que parece ir en decremento a medida que aumentan los diagnósticos de TDA y TDA-H). Segunda porque se gana en habilidad de cálculo al hacer un hábito mecánico y repetitivo automatizando el algoritmo. Es decir, he puesto en primer lugar el desarrollo de la propia memoria antes que el aprendizaje del cálculo, y no es casualidad, porque otra de las intenciones positivas de la LOGSE, que no llegó a entenderse, es que lo prioritario en la Educación Obligatoria, sobre todo en la E. Primaria (y mucho más en la E. Infantil, aunque no sea obligatoria), es el desarrollo de capacidades más que el aprendizaje de contenidos, aunque sin renunciar, claro está, a esto último.

¿Cuándo recomendaría yo el que un alumno use las tablas de multiplicar en vez de memorizarlas?, cuando existan razones fundadas de que su memoria operativa o a corto plazo (permítaseme usar como sinónimos estos dos conceptos aunque realmente no lo sean) no esté lo suficientemente desarrollada y eso le impida el aprendizaje del cálculo. Ahí sí, ahí le dejaremos que use las tablas, como una ayuda, como usa sus gafas una persona con presbicia, pero luego habrá que trabajar a nivel de Pedagogía Terapéutica el desarrollo de la propia memoria. Es decir, compensamos para permitir el avance curricular y paralelamente desarrollamos. Así debe ser entendida la Atención a la Diversidad.

Es decir, hoy tenemos recursos suficientes para no cargar de datos nuestra memoria, cargamos de datos nuestras calculadoras, nuestros ordenadores, nuestras tablets, nuestros smartphones, nuestros gps, y eso es bueno, así liberamos nuestra memoria, pero una memoria que previamente ha tenido que ser desarrollada y que sabe lo que sabe y lo que ignora (metacognición) y dónde y cómo buscar los datos que le faltan. Se supone que esos artefactos que acabo de mencionar deben de servir para complementar nuestra memoria, no para anularla o sustituirla, esa es la clave.

¿Qué pasó entonces en los anteriores sistemas educativos?, pues, que si nos retrotraemos a épocas anteriores al desarrollo tecnológico que acabo de mencionar, esas ayudas no existían, por lo que sólo nos podíamos apoyar en nuestra memoria, que, por otra parte, a diferencia de la de generaciones actuales, era más fonológica y menos visual. En los años 30, 40, incluso 50 o no existía la televisión o era un lujo al alcance de muy pocos, casi al igual que el cine, incluso los libros ilustrados, por lo que el almacenamiento de datos (más que de conocimiento, que implica un análisis semántico de esos datos, como un proceso de "rumiación") se producía oralmente. El profesor decía, recitaba, y los alumnos lo repetían hasta memorizarlo, al igual que la radio, los refranes, etc. Ordenadores, consolas, videojuegos, tablets...tardarían muchos años en aparecer.

Lo que se supone que ha sido un avance, que se ha desarrollado para favorecer o agilizar nuestra memoria, o mejor dicho, nuestras memorias, sólo ha cumplido su objetivo en aquellos que previamente ya habíamos desarrollado nuestras memorias, pero no en las recientes generaciones.

Hemos de volver a aprender a recitar, a memorizar poesías y canciones (aunque tengamos ipod), al aprendizaje de las tablas de multiplicar (aunque tengamos calculadoras), al aprendizaje de listas de elementos geográficos (aunque tengamos GPS, google maps), y sobre todo, lo que para mí es el ejercicio más completo de desarrollo de la atención y memoria operativa fonológica y visual (debido a los procesos que implica), el cálculo mental.

Al final, con la memoria nos ha pasado lo mismo que con las piernas, hemos inventado los medios de transporte para facilitarnos la vida y después hemos tenido que retomar las bicicletas y el running (footing, que se decía en mi época) para no "atrofiarnos".

REFERENCIAS:

 Alonso García, J. I., 2012. Psicología. McGrawHill

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