SOBRE LA EDUCACIÓN Y LA LIBERTAD

        “coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela”. Robert Herrick

  La famosa frase pronunciada por el profesor del club de los poetas muertos (Robin Wilians), erróneamente atribuida a Walt Whitman, ha dado mucho que decir, especialmente en su traducción de carpe diem (vive el momento), traducción que, desde mi punto de vista, se ha interpretado de forma incorrecta en muchas ocasiones.

 Quizás el primer pensamiento que nos evoque esta afirmación sea el de "aprovecha el momento". Pero si este mensaje puede parecer banal, caprichoso o hedónico, es porque la lectura que se hace del mismo es muy superficial.

 Una reflexión más profunda de ese “aprovecha el momento” nos hace caer en la cuenta de que hay períodos críticos en nuestro desarrollo humano que, si no son aprovechados de forma fructífera, producen rupturas en nuestro proceso de maduración que son, tristemente en muchos casos, casi irreversibles. 

 Esa ruptura en dicho proceso madurativo es el verdadero sentido del término trauma, y no la utilización alegre y devaluada que le demos a ese vocablo para sustituir el miedo que suscita en algunas ocasiones decir a nuestros hijos "NO" por respuesta. Nos autojustificarmos con el dilema de "a ver si le vamos a traumatizar" sin darnos cuenta del error de que lo realmente traumático es que un niño haya crecido sin oír dicha negativa, necesaria para su aprendizaje, para su autoregulación conductual y para superar el egocentrismo propio de la infancia.

 Un niño sin infancia, una infancia sin cariño, un cariño sin responsabilidades, una adolescencia sin formación, una formación sin dirección, una dirección sin opciones de libertad, una libertad sin asumir errores y consecuencias…eso sí que son traumas, eso sí que son períodos críticos perdidos, eso es haber dejado las rosas sin coger y no poder volver a intentarlo, es no haber aprovechado el momento.

 "Libertad", qué palabra tan grande y qué alegremente se pronuncia, de forma equivocada  muchas veces, como la palabra trauma. Por eso debemos educar a nuestros adolescentes y/o alumnos para que entiendan que la libertad exige tres premisas, voluntariedad y conocimiento y responsabilidad ante las consecuencias. 

Así, cuando se educa a un adolescente para que sea capaz de tomar "libremente sus propias decisiones" le deberíamos hacer que se plantease si esa decisión la ha tomado de forma voluntaria, con conocimiento de lo que está haciendo, y sobre todo (esto es lo que más les cuesta por la propia psicología de la edad) que sepa cuáles son las consecuencias a medio y largo plazo que dichas decisiones libres conllevan. Aquí es donde los adultos, padres o profesores, con mayor capacidad de alcance para ver dichas consecuencias a medio y largo plazo (por psicología de la edad y por experiencia) jugamos un papel esencial para hacerles entender que libertad no es hacer lo que me da la gana (capricho), sino conocer las consecuencias de lo que estás haciendo y seguir decidiendo hacerlo (decisión).

 Es esa libertad madura y responsable la que nos hace humanos, y no sólo homínidos, la que diferencia al adulto del niño, la que diferencia al formado (que no culto) del ignorante, al libre del caprichoso, al que piensa,  sopesa y actúa del que actúa, piensa y luego...le pesa.

  Por eso adolescentes, no importa cuantas veces os equivoquéis, porque errar es humano, siempre que esa equivocación sea consecuencia de una decisión vuestra y la afrontáis y asumís con responsabilidad y como base para un futuro aprendizaje, ya que reza un antiguo refrán, del que yo doy fe, que se aprende a pescar más con los peces que uno pierde que con aquellos que logra, siendo lo más importante "aprender a no caerse al río", y aquí, nadie mejor que la compañía de un "pescador experimentado" como vuestros padres o profesores. 

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