SOBRE EL AMOR Y EL ENAMORAMIENTO, ¿CUESTIÓN DE QUÍMICA?

“Comenzamos a amar cuando dejamos de estar enamorados.”

-Erich Fromm

 

Una frase que da mucho que pensar, especialmente cerca de una fecha tan señalada como San Valentín. Así que haciendo nuevamente lo que solemos hacer en este blog, vamos a analizar críticamente toda esa "magia" que envuelve al 14 de Febrero intentando, brevemente, responder a tres cuestiones: ¿es lo mismo amor y enamoramiento?, ¿es el corazón el órgano de las emociones, o es el cerebro? y ¿es el amor sólo química?

Desde la Edada Antigüa, concretamente en la cultura egipcia, se han encontrado escritos y documentos que partían de la idea de que la sede del alma en el cuerpo residía en el corazón. Este órgano, asociado a la vida y a la muerte (incluso a los valores y al estilo de vida en expresiones como "hombres de corazón puro"), se consideraba el eje del intelecto humano y de sus emociones, conociéndose en la historia de la filosofía, psicología y neurología a esta teoría como cardiocentrismo.

La otra postura, la que mantiene que es el cerebro el órgano de nuestro intelecto, psique o alma, (aunque son conceptos distintos se utilizan como sinónimos en muchas ocasiones) se denomina cefalocentrismo, y es postulada por primera vez en la historia por Alcmeón de Crotona e Hipócrates (IV-V a.C), padres de la actual medicina y origen del famoso "juramento hipocrático" que realizan los médicos.

Nadie duda hoy de que las alteraciones encefálicas y neurológicas pueden producir, según la gravedad y localización de las mismas, diferentes alteraciones mentales y comportamentales, por lo que está más que demostrado científicamente que es el cerebro la sede del intelecto. Sin embargo, fuera de los círculos científicos y académicos, a nivel popular, muchas personas funcionan con una creencia dualista de que una cosa es el intelecto, "lo intelectual", "lo racional", y esto se encuentra en el cerebro, y otra cosa es “lo emocional”, “lo pasional” y esto, como se siente con el corazón, pues…se encuentra en él.

 

Incluso Pascal, matemático, físico, filósofo cristiano y escritor francés de mediados del siglo XX, escribió la frase que ha pasado a la historia “el corazón tiene razones que la razón no comprende”. ¿De dónde deriva esta idea?

 

Fue Platón, base indiscutible de la filosofía occidental y con más influencia en el cristianismo de lo que mucha gente piensa, quien hablaba no de un alma, sino de tres, alma racional, alma irascible y alma concupiscible.

 

En el "mito del carro alado" representa el alma racional con la metáfora del auriga (persona que conduce un carro tirado por dos caballos o biga). Es la parte más excelente del alma, se identifica con la razón, el conocimiento y la realización del bien y la justicia. Es un principio divino y dotado de inmortalidad. La sitúa en la cabeza (el cerebro).

 

En ese mismo mito representa el alma irascible con la metáfora del caballo bueno y dócil a las instrucciones del auriga. En el alma irascible se encuentra la voluntad, el valor y la fortaleza. La sitúa en el pecho (el corazón).

 

Platón representa el alma concupiscible con la metáfora del caballo malo, poco dócil y que dirige al carro hacia el mundo sensible. Es la parte del alma humana más relacionada con el cuerpo, los placeres sensibles y los apetitos o deseos (deseos sexuales, apetitos por la comida, etc.). A diferencia del alma racional, ésta es mortal. La sitúa en el abdomen y bajo vientre.

 

Así, nuestra cultura, tremendamente influenciada por Platón y el Cristianismo, ha llegado hasta nuestros días con este dualismo cerebro-corazón, favorecido sin duda porque:

·       Las emociones las sentimos en el corazón (que no es lo mismo que sentirlas por el corazón). Al corazón llegan órdenes del cerebro de neurotransmisores y hormonas que regulan su funcionamiento y lo preparan para la pertinente acción desencadenada por la emoción. Nosotros no sentimos el cerebro, pero sí los latidos del corazón, lo que nos hace asociar a éste órgano con las emociones, pero de nuevo repito que el corazón las sufre, no las provoca. Si quieres saber cómo el corazón sufre el amor pincha aquí.

·       Los procesos voluntarios y racionales sí los ubicamos en el cerebro (como atender, memorizar, comprender) y han dado lugar a expresiones como “cabeza de chorlito”, “no tiene dos dedos de frente” o “la cabeza sólo le sirve para llevar sombreros”, pero los procesos emocionales son involuntarios, inconscientes e instintivos, se pueden escapar de nuestro control (como el caballo indómito del mito de Platón), si no se aprenden a controlar (es lo que se llama inteligencia emocional) por lo que los hemos centrifugado del cerebro, favoreciendo su caída en el corazón. Lo que sí se sabe hoy es que se desarrollan en el cerebro, pero en áreas subcorticales como el sistema límbico, llamado también el cerebro emocional.

Dejamos así, más o menos clara, la idea de que la sede del amor es el cerebro y no el corazón, aunque podemos reconocer que existen algunas posturas minoritarias dentro del panorama científico actual que mantienen aún ideas cardiocentristas (ver aquí) como el argumento de la serie de televisión pulsaciones.

Vamos ahora a responder a la segunda pregunta, sobre si es lo mismo enamoramiento y amor, y lo vamos a hacer partiendo nuevamente de la teoría de platón y el mito del carro alado, y de la diferencia entre emoción y sentimiento, pues, aunque usamos estos dos términos como sinónimos, no lo son.

·       Emoción: Sin entrar en excesivos tecnicismos podemos decir que es una reacción psicofisiológica producida de forma instintiva por un estímulo. Es algo impulsivo, intenso y poco duradero en el tiempo que sentimos como “un latigazo” y que parece que se escapa a nuestro control. Ejemplo de emociones son la alegría, la tristeza, el miedo, la ira, el asco y el asombro, como se reflejaban en la película “Del Revés (Inside Out)”. Así, cuando una persona con aracnofobia ve una imagen de una araña por la televisión, siente una emoción de miedo, o asco, o ambas, por mucho que racionalmente sepa que no es real.

·       Sentimiento: Resumiéndolo mucho sería una emoción + un pensamiento. Es decir, se trata de la toma de consciencia de forma racional de una emoción que se repite en el tiempo. Conlleva por tanto procesos psicológicos superiores, es menos intensa que la emoción, pero es más duradera y estable en el tiempo. Implica no sólo al cerebro emocional (sistema límbico), sino que establece conexiones con la corteza cerebral y procesos como la atención (córtex prefrontal) y la memoria (córtex fronto-orbital y temporal). Siempre que explicaba esta diferencia a mis alumnos de 4º ESO, les decía, “vuestros padres os quieren, son conscientes de ello y os podrían dar razones del porqué de ese sentimiento, os quieren incluso cuando la armáis y ese día se cabrean fuertemente con vosotros, ese día tienen una emoción de rabia, que sabéis que se les pasará, pero no por eso dejan de quereros, aunque os riñan”. La rabia sería una emoción, el amor parental un sentimiento.

Si entendemos esa diferencia es fácil establecer la relación entre emoción y alma concupiscible y sentimiento y alma irascible. Así, hay personas que establecen la diferencia entre pasión (emoción) y amor (sentimiento)

De esta forma llegamos a la diferencia entre enamoramiento y amor, entendiendo por el primero una emoción, una pasión que, neurológicamente anula nuestro raciocinio (se producen desconexiones o inhibiciones del córtex frontal) y que hacen que idealicemos a la persona que tenemos frente a nosotros mientras una montaña rusa emocional o mariposas en el estómago se apoderan de nosotros. Así, esta situación que muchos estudios sitúan como preludio del amor, tiene fecha de caducidad, pues biológicamente estamos preparados para responder a las novedades y adaptarnos a los estímulos y entornos estables, siendo entre seis meses y un año el término medio del enamoramiento.

¿Y qué pasa cuando se acaba la magia?, pues, en el mejor de los casos, que llega el amor, como decía Erich Fromm. Si hemos pasado de idealizar a esa persona, y de que nos idealicen, para conocernos realmente y aceptarnos como somos, si tenemos claro un proyecto por encima de las fluctuaciones emocionales (como en el ejemplo del amor parental que antes describí), si sabemos que va a haber días buenos y otros no tanto, si somos conscientes de eso, entonces hemos dado paso al amor, y éste, no tiene fecha de caducidad biológica, pues depende más de factores psicológicos, sociales, económicos o culturales que de neurotransmisores. Así, el amor, como sentimiento que es, conlleva como os decía emoción + pensamiento. En cierta ocasión conocí a un cura que me decía “lo peor que puede hacer una pareja es casarse enamorados, con amor sí, pero no enamorados, pues cuando se caigan de la burra de idealizarse, ya veremos…”

¿Cuál es entonces la química del amor, o del enamoramiento, o de ambos?

Pues podemos decir que los neurocientíficos están estudiando el cerebro para tener una mejor comprensión de cómo la red neuronal del amor puede facilitar a los médicos, psicólogos y otros terapeutas,  nuevos tratamientos para las personas que sufren de trastornos como adicción al amor, deprivación amorosa,  amor no correspondido, etc.

En el enamoramiento o el amor apasionado diferentes neurotransmisores y hormonas del amor entran en acción:

·       La Dopamina ayuda a controlar el centro de placer cerebral y regula la forma en la cual respondemos emocionalmente.  La dopamina es la responsable de la sensación de euforia.

·       La Noradrenalina ayuda a controlar las emociones y el estrés.  Cuando se libera en la sangre de los amantes pueden ver estrellas, causa latidos acelerados y palmas sudorosas. Por esta razón, y para aumentar esa sensación provocada por la adrenaliana, los enamorados hacen “cosas arriesgadas”, como subri a la montaña rusa, pasear en moto o en coche a velocidad o ir a ver juntos películas de terror, atribuyendo la sensación producida por los picos de noradrenalina a la persona con la que estamos.

·       La Serotonina ayuda a regular la temperatura corporal, el estado de ánimo y el dolor.  Sus niveles son bajos al inicio de una relación, es por eso que uno tal vez se obsesione con alguien o tenga una pérdida de apetito, cambios en la temperatura.

·       La Feniletilamina: Es una anfetamina natural y puede causar los mismos efectos estimuladores que la conocida droga. Contribuye a esa sensación de "estar en el cielo" que aparece cuando hay atracción, y da la energía necesaria para mantenerse en pie día y noche con un nuevo amor.

En el amor parece que el estallido de sustancias químicas del enamoramiento tiende apagarse con el tiempo, pero dos hormonas liberadas por el sistema nervioso sirven para unir a las almas gemelas.

·       La Oxitocina,  “la hormona del amor”, está involucrada en el apego o vínculo parental, el comportamiento sexual y la unión.  Sus niveles se elevan con los besos o abrazos, esta hormona juega un papel importante en las relaciones sexuales, el parto y la lactancia.

·       La Vasopresina, hormona que, entre otros efectos, se cree que fomenta la fidelidad. Estudios con ratones de campo masculinos altamente promiscuos, reveló que cuando se les suministro una dosis de vasopresina extra, se tornaron en compañeros fieles.

La Dra. Theresa Crenshaw, autora de “La alquimia del amor y la lujuria”, dice: “La testosterona quiere irse de ronda, la vasopresina quiere quedarse en casa”. También describe la vasopresina como la atenuadora del deseo sexual del hombre. La vasopresina refuerza la inclinación protectora del padre hacia su pareja y el bebé promovida por la testosterona, disminuye su agresividad, le vuelve más razonable. Al promover el pensamiento más racional y menos caprichoso, esta hormona induce un papel sensible paternal, proporcionando estabilidad así como actitud de vigilancia.

Con el tiempo, niveles altos de oxitocina y vasopresina pueden interferir con los niveles de la dopamina y la norepinefrina, lo cual puede explicar por qué la sensación de apego crece mientras que la locura apasionada del amor decae.

¿Podemos decir entonces que el amor es sólo química?, pues no, no es sólo química. Sí podemos decir que los factores químicos juegan un papel muy importante en las primeras fases (amor a primera vista), pero a medida que nos movemos al polo del amor ya que entran en juego más factores psicológicos, sociales y culturales. Incluso en las primeras fases hay patrones o concepciones culturales a cerca de la belleza. Pensemos que en un espacio de menos de veinte años el “ideal” de belleza para las jóvenes occidentales ha pasado de ser “el metrosexual” imberbe, al barbudo “hipster”, y  estos determinantes estéticos juegan ya su papel en el “amor a primera vista”

Se puede decir entonces que, en el amor la química es necesaria, pero no suficiente.

Por último, si usted o su pareja deciden salir por separado a tomar una copa con sus amigos o amigas, elijan un buen combinado de Oxitocina y Vasopresina, y dejen, para cuando se reencuentren en casa, el combinado de Dopamina con Noradrenalina. Feliz San Valentín.

 

REFERENCIAS:

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